En latín, el pronombre y adjetivo iste, -a, -ud era demostrativo, igual que este, -a, -o en español. Los demostrativos se utilizan para situar a una persona o cosa en el espacio y en el tiempo, según esta se encuentre más cerca o más lejos del hablante. Iste tenía también un componente deíctico, es decir, el hablante lo usaba a la vez que señalaba al referente. O eso nos decían los profesores en la universidad, que siempre se guardaban de que en nuestras traducciones reflejásemos de alguna manera ese dedo acusador.

Acusador, sí, porque en los discursos forenses no podemos olvidar que se estaba intentando descalificar al contrario (o ensalzar al defendido). Así, en otros tipos de textos, iste adquirió un claro carácter peyorativo, que el este español no ha heredado. Pero para hacerse una idea del efecto basta imaginar ejemplos con otros demostrativos, como ese (que se puede reforzar con tal): No me fío yo de esaEse (tal) Pedro vino esta mañanaNo me hables del Pablo ese, que me cabreo.