Pasando a un caso un poco más complicado, me he encontrado con «En la contraportada de este libro...». En efecto, los libros electrónicos no tienen contraportada, al menos no en el sentido físico de la palabra. La contraportada hoy en día es un elemento de marketing más del libro, sirve para transmitir al potencial lector que se pasea con curiosidad por la librería de qué va el libro e inducirle con más o menos afán a su compra (al potencial lector que no se pasea con curiosidad por la librería no le va a transmitir nada porque una vez una contraportada le creó unas expectativas muy altas sobre un libro que después le decepcionó, y desde entonces no lee contraportadas; va a las librerías solo cuando sabe qué libro comprar). Los ebooks no se han quedado sin su correspondiente texto promocional, pero este ya no se encuentra al final del libro, cuando ya ha sido leído (sería absurdo), sino que aparece en la correspondiente ficha del mismo en la web desde la que lo compremos. Y ahora podríamos entrar en una cuestión terminológica: ¿podríamos seguir llamando contraportada a este texto? Yo no veo por qué no: facilitaría, más que confundiría, al lector, ya que es bien conocida esta función promocional de las contraportadas.

Dando un paso más en la escala de la complicación, tenemos «Cuando tengas ya este libro en tus manos». Cierto es que la imagen que tenemos todos de alguien leyendo un libro electrónico es sujetando el lector de libros electrónico. Con las manos, en un atril, en el regazo, en la cama, las posibilidades son tan infinitas como con el libro en papel. ¿O no? En realidad, un libro electrónico también se puede leer en el ordenador. Además, la percepción de posesión no es tan fuerte en el libro electrónico como en el físico: no se coleccionan ebooks, no se tocan, no pesan... así que la expresión casi cae por su propio peso. Para arreglarlo y que la oración mantenga el sentido tendríamos que reformularla, con algo así como «Cuando leas este libro», dependiendo del caso, claro está.

Sin embargo, hay otra expresión que me parece todavía más difícil de «traducir», y es «Desde los escaparates y desde las estanterías». ¿Cuál es el equivalente a escaparate o a estantería (de las librerías, se entiende), si es que se pueden entender como sinónimos, para el libro electrónico? ¿«Desde las páginas web»? ¿«Desde los videolibros»? El problema aquí es que estos no son tan vistosos ni están tan envueltos en un halo de sabiduría como las baldas llenas de libros; de nuevo nos encontramos ante las connotaciones de admiración de las que goza el libro en papel. Depende mucho de lo que el autor quiera decir con esta expresión: ¿el libro nos mira a nosotros o nosotros a él? Parece que más bien lo primero y desde una página web no sentimos que la imagen de portada del libro nos observe como lo hace el libro tradicional. No tengo ni siquiera una solución aproximada para este problema.

¿Escaparates electrónicos? No parece que nos miren. Excepto el libro romántico.

¿Y siempre ha ocurrido así?

Como todos sabemos, este no es el primer cambio de soporte en los contenidos que ha habido en la historia. A mí, todo esto me recuerda a cuando en clase de latín traducíamos ut supra como «como hemos dicho anteriormente». Pero, ¿acaso no hemos visto escrito alguna vez «como hemos dicho más arriba» o «como diremos más abajo»? Se originara por una mala traducción o no, el caso es que no es complicado de entender. De hecho, los abogados tienen que aprender a utilizar «ut supra» porque como muchas otras expresiones latinas forma parte de la jerga judicial, y se explica tan sencillamente como que en los rollos de papiro el texto se disponía en vertical, así que las referencias al contenido anterior o posterior se hacían usando supra («arriba») e infra («abajo»). Sabiendo esto, ¿se puede hablar de un libro electrónico que nos mire desde las estanterías? ¿Hay algún problema en que en un audiolibro se diga «El libro que tienes en tus manos»? Como en toda cuestión de costumbres, solo el tiempo lo dirá.

En resumen, para intentar responder a la pregunta lanzada en el título, depende sobre todo del grado de conciencia del lector sobre su lectura: ¿conoce el año de publicación original?, ¿es consciente (o queremos que sea consciente) de que está leyendo una redición?, ¿influirán acaso estos factores en sus decisiones de compra? Y estas son solo algunas de las preguntas que se hará todo aquel que no edite libros electrónicos ex novo.